meditaciónEmpieza el ejercicio.

 

Sitúate con ropa cómoda en un espacio acogedor y tranquilo. A cada uno habrá algunas cosas que nos ayuden a “sintonizar” mejor. A mí me sirve el incienso o las esencias, música baja (especialmente música de tradiciones espirituales), una luz suave, mejor si es natural, como la de una vela.

 

Si te sientes afín a alguna tradición espiritual, puedes leer un texto que te inspire o contemplar una imagen (un pantocrátor, un santo, un cristo, un mandala, caligrafía sagrada, etc.). Muchas tradiciones coinciden en que los mejores momentos para realizar este tipo de prácticas son justo antes del amanecer o justo después del atardecer. Muchos hemos comprobado que un rato de meditación o de oración antes de que salga el sol parece “cargar” la batería para todo el día, incluso si se ha dormido poco.

 

Ahora ponte cómodo, siente tu cuerpo y empieza a prestar atención a tu respiración. Yo suelo respirar hondo varias veces antes de empezar, luego prefiero las respiraciones profundas pero naturales, sin forzarlas demasiado.

Se trata de arrojar la luz de la atención a procesos que ocurrían mecánicamente, en la oscuridad del inconsciente.

En caso de duda o en el de que prefiras hacerlo de otra manera, escucha y da preferencia a tu criterio, a tus sensaciones y a tu espontaneidad, se trata de que el ejercicio no acabe siendo otra rutina mecánica, sino una vía para conectar con tu conciencia y con tu propia creatividad, y arrojar algo de luz (de la luz de la atención y de la conciencia) sobre procesos y mecanismos emocionales que ocurrían en la oscuridad, mecánicamente, en el inconsciente. Pero eso irá llegando con el tiempo y con la práctica.

En principio no es posible dejar la mente en blanco, lo que sí puedes hacer es tratar de no engancharte a tus pensamientos. Para ello vamos a centrar tu atención en la respiración. Siente todas y cada una de tus respiraciones, intenta que no se te escape ninguna, pero si te distraes no pasa nada, también puedes observar tranquilamente tu distracción mientras vuelves a dirigir tu atención, con suavidad, a la siguiente respiración.

 

Los pensamientos empezarán a llegar inevitablemente. Pensamientos de todo tipo, incluso algunos que pongan en duda lo que estás haciendo (son muy habituales). Déjalos pasar sin aferrarte a ellos. Los pensamientos son como las nubes, si hay muchos ocultarán el cielo, o si son demasiado “densos” podrán encapotar el fondo azul de tu propia conciencia. Y de eso se trata, de quedarnos justo con la conciencia, con nuestra sensación de ser.

Simplemente observa lo que venga, déjalo estar y lleva con suavidad tu conciencia a la respiración.

Lo ideal es que no te apegues a nada, a ningún pensamiento, a ninguna sensación, a ninguna imagen, a ningún recuerdo, a ningún deseo. Simplemente observa lo que venga, déjalo estar sin pelearte con ello y vuelve a llevar con suavidad tu conciencia a la respiración. Cada vez será más fácil. Siente el aire, entrando y saliendo, nada más que eso. Inspirar y espirar… dentro y fuera… No hay nada más.

 

Estamos intentando pasar a través de las turbulencias y las distracciones de la vida cotidiana para mirar más adentro, por eso hay que calmar las aguas superficiales (los pensamientos y los sentimientos superfluos) para que se pueda ver el fondo. Intenta sentir la serenidad de fondo que envuelve a todas las cosas. Todo viene del silencio y vuelve al silencio, todo viene de la Conciencia y vuelve a la Conciencia.

Todo viene del silencio y vuelve al silencio, todo viene de la Conciencia y vuelve a la Conciencia.

Si algo nos perturba (un sonido que no podemos evitar, un pensamiento machacón) no intentes oponerte a ello, al contrario, mételo dentro del ejercicio. Con cada nuevo elemento, como si removieras las arenas del fondo, las cosas tardarán un tiempo en reacomodarse y volver a su lugar, pero lo harán antes o depués. Intenta mantenerte calmado. En el centro de esa serenidad está el tesoro. Con suerte llegaremos a él y acabaremos aprendiendo que no merece la pena seguir huyendo.

 

Partes de este artículo:

http://www.madridpsicologia.com/como-meditar-practica-de-la-conexion-con-el-corazon-13/

http://www.madridpsicologia.com/como-meditar-practica-de-la-conexion-con-el-corazon-23/

http://www.madridpsicologia.com/como-meditar-practica-de-la-conexion-con-el-corazon-33/

 

 Artículo relacionado:

http://www.madridpsicologia.com/meditacion-conectando-con-el-corazon-13/

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http://www.madridpsicologia.com/meditacion-conectando-con-el-corazon-33/

Cómo meditar. Práctica de la conexión con el corazón (1/3)
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6 pensamientos en “Cómo meditar. Práctica de la conexión con el corazón (1/3)

  • 13 agosto, 2012 a las 11:19
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    Me han gustado mucho los 3 articulos sobre meditación…
    En el primero, acaba así: “és. Intenta mantenerte calmado. En el centro de esa serenidad está el tesoro. Con suerte llegaremos a él y acabaremos aprendiendo que no merece la …”
    Creo que me puedo imaginar lo que falta pero me gustaría saber lo que querías decir…
    Un saludo y gracias de nuevo por los artículos

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    • 13 agosto, 2012 a las 12:18
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      Muchas gracias Ramón por tus palabras de ánimo. La web y yo mismo estamos a tu disposición. A ver si tengo tiempo para seguir escribiendo. Y muchas gracias también por hacerme notar lo que falta, intentaré buscar el texto original (aunque creo que lo tengo en un antiguo disco duro…). Un abrazo y bendiciones!

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  • 24 mayo, 2013 a las 18:44
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    muy interesante la web pero tengo un a pregunta, ¿cómo la conciencia es alterada por la meditacion?.. espero me responda gracias.

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    • 25 mayo, 2013 a las 0:18
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      Hola Karina, gracias por comentar. La meditación es una profundización en uno mismo, amplia nuestra capacidad de darnos cuenta y de comprender nuestros propios procesos mentales y, más allá de eso, amplia nuestro sentido de ser… ¿Podrías ser más concreta en tu pregunta? Gracias de nuevo y bendiciones

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